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Bienvenidos a nuestro espacio de comunicación en el que le presentamos información que esperamos sea de su interés. Ramón Lleonart.

Carencia de renta a cambio de obras a realizar por el inquilino

Nuestro amigo Juan Español es propietario de una vivienda y ha decidido alquilarla. Para ello será necesario realizar algunas obras; pero como no dispone de fondos suficientes para atender el pago de las reparaciones a efectuar, ha pactado con el inquilino que, a cambio de que las efectúe éste por su cuenta, no le cobrará unos meses de alquiler (periodo de carencia de renta).

Este pacto, cada día más habitual, tiene unos efectos fiscales para el propietario que le conviene conocer:

  • D. Juan deberá declarar el alquiler por todos los meses en los que la vivienda haya estado alquilada, incluidos los de carencia (ya que, si bien no percibe ingresos económicos, mediante la realización de las obras a cargo del inquilino está cobrando el alquiler en especie).
  • Asimismo podrá declarar como gasto el coste de las obras de reparación o mantenimiento realizadas por el inquilino, debiendo conservar como justificante la copia de la factura emitida contra el arrendatario.

Si las obras realizadas son solamente de conservación (reparación de averías, pintura y limpieza, etc.) o sustitución de elementos deteriorados (puertas, ventanas, calentador, instalación eléctrica, etc.), D. Juan se podrá deducir el gasto a medida que tenga lugar la carencia, de forma que el impacto sobre su IRPF será neutro.

Sin embargo, si las obras consisten en la realización de inversiones que aumenten el valor del inmueble, o en la instalación de nuevos elementos inexistentes hasta ahora y que quedarán en el inmueble cuando finalice el contrato, tales como la calefacción o el ascensor, por ejemplo, dichas obras no tendrán la consideración de gasto deducible, sino la de mejora que incrementa el valor de la vivienda. En este caso, nuestro amigo Juan no podrá deducir el gasto de una tacada, sino mediante la amortización de tales mejoras en varios años, a través de la amortización de dichas inversiones: al 3% anual en caso de inversiones que formen parte del inmueble (como ocurre con el ascensor), y al 10% si se trata de muebles, electrodomésticos e instalaciones.