La empresa y el alcoholismo. Sepa reaccionar al problema.

El consumo de alcohol durante la jornada laboral suele desembocar en una menor productividad, peor clima laboral y más posibilidad de sufrir o provocar accidentes de todo tipo.

Cuando un trabajador se presenta con “unas décimas” de más se reducen sus reflejos y su capacidad intelectual; corre un mayor riesgo al tomar las decisiones, frecuentemente  equivocadas, demostrando un menor interés por su trabajo, una peor relación con sus compañeros, subordinados y superiores, mayor absentismo y más riesgo de sufrir y ocasionar un accidente. Además, si tiene que trabajar de cara al cliente, le transmite una imagen desfavorable, tanto del propio trabajador como de la empresa.

¿Qué puede hacer usted como empresario?

SEA MUY CLARO DESDE EL PRINCIPIO: TOLERANCIA CERO AL ALCOHOL. Adelántese a lo que el Parlamento de la Nación dictaminó en su día con el tabaco (LEY 28/2005, de 26 de diciembre, BOE del 27/1205). Si su empresa ha de convertirse en un “espacio libre de alcohol”, debe posicionarse frente a su consumo y no lanzar mensajes equívocos. Por ejemplo, en el comedor de empresa, bar, cafetería o espacio destinado al descanso del personal y en las máquinas expendedoras de alimentos o bebidas, solamente  deben ofrecerse agua, refrescos, infusiones o café; en ningún caso bebidas alcohólicas; nunca se ofrecerán bebidas alcohólicas a las visitas,  clientes o proveedores. Es recomendable que en el  reglamento de régimen interior o código de conducta de la empresa conste la mención de que no está permitido el consumo de alcohol en la empresa, así como acudir al trabajo con síntomas de embriaguez.

A pesar de lo anterior, cabe la posibilidad de que un trabajador incumpla sus obligaciones y acuda a trabajar “con una chispa” o tenga problemas de alcoholismo. No se precipite, pues quien es víctima de esa adicción puede provocar la magnificación del problema. Nuestro consejo se resume en las siguientes actuaciones:

  • SEA FIRME: Si su empresa está dispuesta a observar la “tolerancia cero con el alcohol” no deberá ceder en su actuación, sea quien fuere el trabajador afectado o las condiciones en que éste desarrolla normalmente su actividad laboral; no debe importarle si trabaja o no de cara al público, si el trabajo que desarrolla es administrativo, físico, manual o mecánico, ni si influye o no en la imagen o seguridad de la empresa. Si el estado en que se encuentra esta persona no le permite realizar su actividad normal, o supone un peligro para sí mismo o para el resto de trabajadores, clientes o visitantes, no lo dude: no puede permanecer en la empresa, lo mejor es que se vaya a su casa. Eso sí: deje constancia escrita de lo sucedido para futuras actuaciones.
  • SEA DIALOGANTE: Cuando el afectado esté sobrio, aproveche para hacerle una advertencia verbal en privado, recordándole las consecuencias que, en el ámbito laboral, puede conllevar la transgresión a las normas establecidas y las sanciones aplicables.
  • SEA INFLEXIBLE: Si la advertencia verbal cayó en saco roto y hay repetición de la jugada, debe aplicar el procedimiento establecido en el reglamento de régimen interior, código de conducta de la empresa o convenio colectivo. Ahora la amonestación deberá formalizarse por escrito en todas las ocasiones que se produzca la conducta punible y, además, en presencia del representante de los trabajadores; la sanción puede llegar, incluso, al despido disciplinario del trabajador.
  • SEA PREVISOR: Más vale prevenir que curar. Si el alcoholismo es una enfermedad, como tal debe ser tratada. Es posible que le interese contar con planes de prevención del alcoholismo, charlas informativas a los trabajadores, asesoría a los delegados de prevención, detección precoz, o asistencia a los trabajadores que padezcan esta enfermedad y requieran de ayuda externa para vencerla. Haga prevalecer la “función social” de la empresa frente a la acción sancionadora.